BIPARTIDISMO UTILIZA A LAS IGLESIAS PARA MANIPULAR ELECCIONES

A pesar de que la Constitución de la República establece que Honduras es un Estado laico, los púlpitos se han convertido en trincheras políticas al servicio del bipartidismo tradicional.

En las últimas semanas, líderes religiosos cercanos al Partido Nacional y al Partido Liberal han promovido una supuesta “caminata cristiana” con claros tintes partidarios, diseñada para desacreditar al gobierno actual y frenar el creciente proceso de participación ciudadana impulsado por sectores progresistas.

Detrás de la retórica de fe y moral, se esconde una estrategia desesperada: movilizar a las bases religiosas como escudo ante la inminente pérdida de poder político que enfrenta la élite bipartidista.

IGLESIAS AL SERVICIO DEL PODER

Los nombres no son nuevos: Roy Santos, Gerardo Irías y Oscar André Rodrigues autodenominados “pastores y sacerdotes”, han sido señalados en reiteradas ocasiones como voceros oficiosos del Partido Nacional, y particularmente durante el régimen de Juan Orlando Hernández, hoy preso en Estados Unidos por delitos de narcotráfico. Ambos utilizaron sus plataformas religiosas no solo para legitimar ese narco-gobierno, sino para promover campañas de miedo contra reformas sociales, derechos de las mujeres y luchas populares.

Organizaciones de derechos humanos y agrupaciones cristianas independientes han denunciado que estos pastores no representan la fe, sino los intereses de un sector corrupto. La reciente convocatoria a una caminata supuestamente cristiana ha sido rechazada por diversas asociaciones religiosas, que consideran que “es una marcha política disfrazada de acto espiritual”.

“El Evangelio no es propaganda política. No podemos seguir usando el nombre de Cristo para defender corruptos. Nuestra fe no debe estar al servicio de ningún partido”, expresó el pastor evangélico Mario Fumero, uno de los pocos líderes cristianos que ha alzado su voz contra la manipulación de la religión en la política hondureña.

IGLESIAS CON HISTORIAL DE CORRUPCIÓN

Durante la administración de Juan Orlando Hernández, investigaciones periodísticas y auditorías del Tribunal Superior de Cuentas revelaron que fondos públicos fueron canalizados a través de ONG religiosas y fundaciones cristianas fantasma, muchas de ellas dirigidas por pastores afines al gobierno, para financiar supuestos “proyectos comunitarios” que nunca se ejecutaron.

Uno de los casos más escandalosos fue el Programa Vida Mejor, donde se descubrió que parte de los fondos terminaron en cuentas vinculadas a líderes religiosos que hacían campaña en los templos a favor del Partido Nacional.

Asimismo, en 2021 se filtró que varias iglesias recibieron donaciones millonarias en materiales de construcción, sin supervisión estatal, a cambio de apoyo electoral.

Tanto el Partido Nacional como el Partido Liberal han sabido capitalizar la influencia de las iglesias evangélicas y católicas para perpetuar su poder. En las elecciones pasadas, diversas congregaciones promovieron abiertamente candidaturas de estos partidos, llegando incluso a utilizar recintos religiosos como centros de proselitismo.

Hoy, con una ciudadanía más crítica y activa, estos sectores buscan recuperar terreno a través del discurso religioso, intentando asociar el actual gobierno con el “comunismo”, el “pecado” y el “desorden moral”, en una narrativa muy similar a la utilizada por regímenes autoritarios en otras partes de América Latina.

Este nuevo intento de movilización religiosa ha sido interpretado por analistas como una estrategia de guerra psicológica, orientada a desmoralizar a las bases populares del Partido LIBRE y preparar el terreno para deslegitimar los resultados de las próximas elecciones.

En palabras de un miembro del Consejo Nacional Cristiano que pidió el anonimato:

“Lo que se está organizando no es una caminata de fe. Es un ensayo de desestabilización política usando la religión como escudo.”

Cuando la fe se convierte en herramienta política, el Estado laico se ve amenazado y la democracia también. La instrumentalización de la religión no solo divide a la población, sino que desnaturaliza los valores espirituales en nombre de intereses partidistas.

Hoy más que nunca, es necesario que la ciudadanía esté alerta: ni el púlpito, ni la Biblia, ni el nombre de Dios deben ser usados para encubrir la corrupción ni frenar la voluntad popular.

Bipartidismo utiliza a las iglesias
para manipular elecciones

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