Una nueva y peligrosa etapa de confrontación militar entre Israel e Irán se desató el pasado viernes 13 de junio, luego de que el ejército israelí lanzara una serie de bombardeos contra instalaciones nucleares y objetivos militares clave en territorio iraní.

Bajo el nombre de “Operación León Naciente”, Israel justificó el ataque como una acción “preventiva” para frenar lo que considera una amenaza existencial: la capacidad nuclear inminente de Irán.

En respuesta, Teherán desató una ola de misiles balísticos y drones contra ciudades israelíes como Tel Aviv y Jerusalén, abriendo así un ciclo de violencia que ya ha dejado cientos de muertos y una creciente preocupación global por una posible guerra regional prolongada. Mientras tanto, la comunidad internacional asiste con impotencia a un conflicto que, aunque ocurre en Medio Oriente, podría tener consecuencias directas en los mercados energéticos globales y en la estabilidad geopolítica de múltiples regiones, incluida América Latina.

Pero, ¿Cómo se llegó a este punto? ¿Cuál es el origen real de la enemistad entre Israel e Irán? Para entender la intensidad del presente conflicto, es necesario retroceder varias décadas, hasta los años previos a 1979, cuando ambos países no solo no eran enemigos, sino socios estratégicos.

DE ALIADOS EN LA SOMBRA A ENEMIGOS IDEOLÓGICOS

En la década de 1950 y hasta finales de los años 70, Irán e Israel mantenían una cooperación profunda y discreta, sustentada en intereses geopolíticos y económicos comunes. Ambos se oponían al nacionalismo árabe liderado por Egipto y compartían vínculos estratégicos con Estados Unidos. En ese período, Irán vendía petróleo a Israel a precios preferenciales, y ambos gobiernos colaboraban en programas militares secretos, como el “Proyecto Flor”, destinado al desarrollo conjunto de misiles avanzados.

Según investigaciones del centro RAND Corporation, la alianza incluyó incluso la creación de empresas pantalla en Suiza y Panamá para comercializar petróleo iraní que abastecía directamente a Israel, en momentos de fuertes restricciones por parte del mundo árabe.

Todo esto cambió en 1979, con el triunfo de la Revolución Islámica liderada por el ayatolá Ruhollah Jomeini, que derrocó al sha Mohammad Reza Pahlavi. Irán pasó de ser un socio discreto de Occidente e Israel, a convertirse en una teocracia islámica con una narrativa antiimperialista y antisionista. Desde entonces, el nuevo régimen iraní estableció como parte de su doctrina la oposición frontal al Estado de Israel, al que considera ilegítimo, y pasó a apoyar activamente a grupos armados como Hezbollah en el Líbano y Hamas en Gaza.

UNA ENEMISTAD QUE ESCALA CON CADA DÉCADA

Desde 1979, las tensiones entre ambos países han escalado gradualmente. Las guerras proxy (por intermediarios), ciberataques, sabotajes a instalaciones nucleares, asesinatos selectivos de científicos iraníes y bombardeos a milicias aliadas de Irán en Siria y el Líbano se han convertido en parte de un conflicto no declarado, pero persistente.

En abril de 2024, Irán atacó directamente a Israel por primera vez desde su propio territorio, disparando más de 300 misiles y drones, tras acusar a Israel de destruir un edificio de su consulado en Siria. Israel respondió con ataques contra objetivos en suelo iraní. Aquel episodio pareció entonces un punto de quiebre. Sin embargo, la ofensiva del pasado 13 de junio marca una escalada aún más seria y peligrosa.

El bombardeo israelí destruyó instalaciones en Natanz, Isfahán y objetivos en Teherán, y dejó un saldo devastador: nueve altos funcionarios iraníes muertos, incluyendo científicos nucleares y el comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, general Hossein Salami. La respuesta de Irán fue inmediata: más de 100 misiles balísticos impactaron en territorio israelí, obligando a Tel Aviv a declarar emergencia nacional.

CONSECUENCIAS GLOBALES

El impacto del conflicto va más allá de Medio Oriente. Irán es uno de los mayores productores de petróleo del mundo, y una prolongación del enfrentamiento podría desestabilizar los precios internacionales de combustibles, afectando a países dependientes del crudo importado, como muchos en América Latina.

Además, Israel ha incrementado drásticamente su gasto militar. Solo en 2024, su presupuesto de defensa aumentó en un 65 %, alcanzando 46.500 millones de dólares, una cifra sin precedentes desde la Guerra de los Seis Días de 1967.

El gobierno estadounidense, por su parte, se ha deslindado de haber participado en los ataques israelíes, según declaraciones del secretario de Estado Marco Rubio. Sin embargo, la reciente advertencia del presidente Donald Trump sobre una posible evacuación de Teherán y su salida anticipada del G7 sugieren que Washington podría aumentar su involucramiento en los próximos días.

La enemistad entre Israel e Irán no nació de un día para otro. Es el resultado de más de cuatro décadas de desconfianza, choques ideológicos, intereses regionales y errores estratégicos. De haber sido socios energéticos y militares, hoy ambos países se enfrentan en un conflicto directo, mientras el mundo observa con creciente alarma.

A la espera de lo que ocurra en las próximas horas, una cosa está clara: el conflicto entre Israel e Irán ha cruzado una nueva línea roja, y su desenlace podría redefinir el equilibrio de poder en Medio Oriente y más allá.

Irán e Israel


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