El Cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, alguna vez referente influyente en la Iglesia Católica y rostro habitual en las altas esferas del Vaticano, atraviesa hoy uno de los capítulos más oscuros de su trayectoria.
El cardenal hondureño ha perdido relevancia en Roma, mientras sobre él pesan señalamientos de encubrimiento de abusos sexuales, maniobras financieras cuestionadas y una imagen pública que, según sus denunciantes, se sostiene más por retórica que por rectitud.
Detrás de estas denuncias está una voz clave que no ha dejado de alzar la suya: Martha Alegría Reichmann, viuda de un exjefe del cuerpo diplomático del Vaticano, quien desde hace más de siete años ha dado la batalla para desenmascarar al cardenal.
Martha afirma que cuenta con pruebas sólidas recopiladas junto al Ministerio Público (MP) de Honduras, pese a que, según ella, un banco hondureño involucrado en una millonaria estafa se negó a colaborar.
Con una mezcla de indignación y determinación, Martha detalla el calvario de perseguir la verdad:
“Después de todo este tiempo, puedo decir con certeza que el Ministerio Público ha llevado investigaciones profundas, tanto a nivel nacional como internacional. Tenemos pruebas sólidas que documentan cada movimiento, a pesar de que un banco hondureño involucrado en una estafa se negó a colaborar.”
Su denuncia no es una simple queja, sino un llamado firme a la justicia:
“Era una tortura callar mientras en Honduras lo pintaban como un santo y en Italia lo señalaban por graves acusaciones. La verdad merecía ser conocida, aunque tuviera que ser yo quien la dijera.”
Su papel va más allá de la denuncia; es una testigo incómoda para un sistema que parece blindar al cardenal.
Su persistencia ha mantenido el caso vivo, y aunque reconoce que la justicia es lenta, advierte que el tiempo no borra lo que está documentado.
No es la primera vez que el nombre de Rodríguez Maradiaga aparece en listas negras.
En el cónclave previo a la elección de Benedicto XVI, la organización internacional SNAP lo incluyó entre 12 cardenales “papables” que, a su juicio, debían ser descartados por encubrir abusos.
Aquella advertencia pasó desapercibida para muchos en Honduras, pero dejó huella en los círculos eclesiásticos internacionales.
EL CARDENAL RODRÍGUEZ Y SU AMISTAD CON JOH
Rodríguez, no solo enfrenta estas denuncias, sino que también carga con la sombra de haber sido un aliado incondicional de Juan Orlando Hernández durante la narcodictadura, un apoyo que a ojos de críticos lo vincula aún más con un régimen cuestionado por corrupción y represión.

A pesar de esto, muchos medios locales siguen presentando al Cardenal Rodríguez como un modelo a seguir, ignorando el cúmulo de denuncias y el trabajo incansable de voces como la de Martha, que día a día exponen la verdad detrás de la sotana.

