Donald Trump, presidente de Estados Unidos (EE.UU.), impuso aranceles a las islas Heard y McDonald, un archipiélago deshabitado en el océano Índico, perteneciente a Australia, donde solo viven focas y pingüinos.
Trump decidió aplicar un arancel del 10% a las importaciones desde estas islas remotas, que carecen de población humana, infraestructura y actividad económica permanente.
Entre las víctimas de esta cruzada fiscal se encuentran remotas islas del Atlántico Sur, habitadas exclusivamente por pingüinos, focas y uno que otro investigador científico que aparece solo en verano.
Pero Trump, convencido de que el mundo “le pertenece”, estableció aranceles sobre “toda actividad económica o natural” que ocurra esos territorios. Y sí, eso incluye la caza de peces por parte de los pingüinos.

OTRAS ISLAS Y ARCHIPIÉLAGOS CON ARANCELES
En su locura Trump, también impuso impuestos a Tokelau, un territorio que depende de Nueva Zelanda con unos 1,600 habitantes, y las islas Cocos, otro archipiélago australiano con unos 600 habitantes.
Además, afectó a las Islas Malvinas, que cuentan con 3,600 habitantes y un millón de pingüinos, quienes sufrieron el impacto de un arancel del 41% en sus exportaciones a EE.UU.
Y para coronar la ridiculez, Trump bautizó su disparate como el “Día de la Liberación”, tras imponer aranceles a más de 184 países.
Pero lejos de liberar algo, dejó claro que su obsesión por el control económico raya en lo absurdo.
El imperialismo está atacando hasta a las focas, Trump no solo es un peligro para el mundo: es una amenaza para la diplomacia y hasta para su propio país.
Porque cuando un «líder» cree que puede gobernar hasta el hielo, lo que está en juego ya no es la política… es el bien colectivo.

