El director del Instituto Nacional de Jubilaciones y Pensiones de los Empleados Públicos (INJUPEMP), Amable de Jesús Hernández, lanzó duras críticas contra el candidato presidencial Salvador Nasralla y el coordinador del Partido Liberal de Honduras (PLH), Roberto Contreras, calificándolos de «orates» y señalando su incapacidad para lograr acuerdos políticos.

Las declaraciones de Hernández se dieron en el contexto de la supuesta dificultad para aceptar la renuncia de la consejera Ana Paola Hall en el Consejo Nacional Electoral (CNE).

Hernández no solo arremetió contra Nasralla y Contreras, sino que extendió su crítica a la actual dirección del Partido Liberal, afirmando que el instituto político, que alguna vez fue guiado por «grandes leones del liberalismo» como Zúñiga Huerta y Ramòn Villeda, ahora está «conducido por dos populares trastornados».

En sus declaraciones, el funcionario también hizo una velada referencia a figuras del Partido Nacional, cuestionando cambios en ese instituto político. Sin mencionar nombres, aludió a «alguien que antes de salir de la alcaldía se ha confundido en toda la basura» y que «agarraba el dinero de la alcaldía y se lo depositaba en la cuenta personal», defendiendo que cada persona tiene su privacidad. Finalizó sus declaraciones destacando su propia capacidad para «continuar la conducción del gobierno de nuestro país».

Partido Liberal: entre el «Secuestro» y el «Síndrome de Estocolmo Político»

Las explosivas declaraciones de Hernández se producen en un momento de grave crisis interna para el Partido Liberal de Honduras, que según sus propias bases, ha sido «secuestrado por advenedizos».

Los denominados «liberales de pura cepa» lamentan que la institución haya sido tomada por figuras ajenas a sus principios fundacionales, transformándose en un instrumento de oportunismo político.

La preocupación central radica en la creciente influencia de Salvador Nasralla, Roberto Contreras y Jorge Cálix, a quienes acusan de intentar controlar el destino del PLH sin una trayectoria que respalde su lealtad al partido. Nasralla, con un historial de fundación de su propio partido y alianzas con otras fuerzas políticas, es señalado por buscar espacios dentro del liberalismo sin un arraigo histórico.

De manera similar, Contreras, un empresario y figura mediática, ejerce una notable influencia a pesar de su reciente incursión en la política liberal.

La situación se ha exacerbado con la controvertida propuesta de designar a Jhosy Toscano como consejero del CNE.

Las bases liberales denuncian que Toscano carece de una trayectoria significativa dentro del partido y que su nominación es resultado de acuerdos cupulares orquestados por quienes, sin ser liberales de origen, buscan controlar el proceso electoral. Este intento de «capturar el CNE» es percibido como una maniobra para socavar la institucionalidad y traicionar los principios democráticos.

Internamente, el PLH vive una profunda división, que algunos describen como el «Síndrome de Estocolmo político».

Militantes atacan a sus propios compañeros que no se alinean con la postura de los recién llegados, en una dinámica que parece sustentarse en «resentimientos sincronizados» más que en debates ideológicos.

La moderación y la prudencia, valores esenciales para el debate interno, son tachados de «traición», incluso por aquellos con lealtades políticas inconsistentes.

Esta situación, según los críticos, está «devastando la democracia» al «transfigurar la libertad principio fundacional del liberalismo en herejía, y a la conciencia individual en pecado político».


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