LA OPOSICIÓN HONDUREÑA Y SU FALLIDO INTENTO DE OBTENER LEGITIMIDAD INTERNACIONAL

Por: Hector Maradiaga, especialista en comunicación política

En la recta final previo a las elecciones, la oposición hondureña ha emprendido una carrera desesperada por obtener validación política fuera del país. Su insistencia en acudir al campo internacional, primero con la senadora republicana de extrema derecha María Elvira Salazar, luego con un subcomité de senadores en Washington, y posteriormente con la convocatoria de una sesión extraordinaria en la Organización de Estados Americanos (OEA), es un reflejo inequívoco de su nerviosismo ante la inminente derrota que anticipan las encuestas preelectorales.

En ese sentido, ante su evidente incapacidad de consolidar apoyo popular dentro de Honduras, decidieron apostar por la presión externa, esperando provocar pronunciamientos que alteraran el rumbo político nacional, principalmente de su mejor aliado: Estados Unidos, sin embargo, sus esfuerzos fracasaron por completo.

La primera señal de su fracaso se evidenció cuando intentaron que el Gobierno de Estados Unidos cerrara filas a su favor. Sin embargo, en la audiencia con el subcomité de senadores, no hubo presencia de funcionarios de la administración de Donald Trump, una ausencia que habló más fuerte que cualquier declaración. La oposición esperaba una muestra de respaldo abierto, pero Washington no les concedió el protagonismo que buscaban. Lo que pretendía ser un golpe de efecto terminó convirtiéndose en una humillación silenciosa que los expuso ante todo el país.

A esto se sumó otro revés inesperado. Los líderes opositores confiaban en que, desde esa misma audiencia, surgiría una declaración condenatoria contra el Estado de Honduras que, además, impulsara públicamente a sus candidatos. Pero ocurrió lo contrario: varios miembros del ala demócrata del Senado aprovecharon el espacio para cuestionar las políticas de injerencia de Donald Trump en Venezuela y otros países de América Latina.

Su mensaje fue claro: ese tipo de intervenciones no debe repetirse, y lo que corresponde en Honduras es respetar su autonomía democrática. Así que, en lugar de recibir apoyo externo, la oposición se encontró frente a un recordatorio de que la soberanía hondureña debe prevalecer por encima de cualquier agenda partidaria.

Lejos de aprender del tropiezo, la oposición volvió a apostar por presionar en el escenario internacional. Gestionaron entonces una sesión extraordinaria en la OEA, buscando que los estados miembros aplicaran la Carta Democrática Interamericana contra Honduras.

Para contextualizar: la Carta Democrática es un instrumento que puede activarse ante rupturas graves del orden constitucional, como ocurrió en Honduras tras el Golpe de Estado de 2009, luego de que los grupos de poder económico sacaron a balazos del poder al expresidente José Manuel Zelaya Rosales. Sin embargo, ante el intento de la oposición de obtener una resolución de este tipo, también fracasaron.

Mientras la oposición invertía energías en desprestigiar al país en el extranjero, la realidad avanzaba en sentido contrario a su narrativa. Honduras aprobó recientemente los indicadores para ser elegible a la Cuenta del Milenio, un reconocimiento concreto del progreso institucional, económico y social que vive el país. Este logro internacional desmonta la campaña de desinformación que intentan posicionar ciertos medios y sectores opositores, y evidencia que, a pesar de sus esfuerzos por encender alarmas fuera de nuestras fronteras, la comunidad internacional reconoce el rumbo positivo que Honduras está tomando.

En su afán por fabricar miedo y caos, algunos sectores opositores incluso apostaban a que Estados Unidos acelerara un conflicto mayor en Venezuela, para luego utilizarlo como arma política en Honduras. Su intención era sembrar la idea de que, si Libre gana, “Honduras será la próxima Venezuela”. Pero esa retórica de terror se desploma ante los hechos: ni hubo invasión, ni hubo pronunciamientos, ni hubo respaldo para esa narrativa.

La verdad es más simple y más contundente: la oposición fracasó en su intento por obtener apoyos públicos de gobiernos de derecha y de la comunidad internacional. Todo su esfuerzo, planificado para influir en las elecciones, terminó en un vacío diplomático que los deja expuestos y debilitados.

Y aunque es evidente que detrás de las conspiraciones de fraude respaldadas por los audios presentados por el Ministerio Público, que revelan la participación de sectores conservadores de extrema derecha hay intereses que apuestan por desestabilizar al país, lo fundamental es recordar quién tiene la última palabra.

No será Washington, ni la OEA, ni ningún senador extranjero quienes decidan el futuro de Honduras. Será el pueblo hondureño, con su voto y con la defensa activa del mismo, quien protegerá la democracia, garantizará la transparencia y respaldará el avance del proyecto de refundación nacional con la abogada Rixi Moncada al frente.

La oposición buscó en otros países la legitimidad que no ha podido conseguir en el suyo. Y ese será, finalmente, su mayor error. La única carta que le queda es consumar el plan de fraude revelado en los audios, sin embargo, el pueblo hondureño, será el actor determinante que con su valentía pueda derrotar a los que buscan sembrar caos y debilitar la democracia del país.


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