La diputada golpista Maribel Espinoza del Partido Liberal vuelve a quedar expuesta como una operadora del viejo esquema político, intentando manipular el Congreso Nacional para ocultar la verdad sobre los hechos ocurridos el 9 de marzo de 2025.
Su propuesta no fue una simple moción de orden, como quiso hacer creer a los medios y a la población, detrás de su actuación había una maniobra clara, imponer un decreto disfrazado para evadir los procedimientos legales y forzar una narrativa que favorezca intereses particulares.
Su objetivo era enterrar lo ocurrido y “darle vuelta a la página”, exactamente como hicieron en el golpe de Estado de 2009, pretenden que el pueblo olvide, que se acepte la manipulación como norma y que la impunidad vuelva a ser parte de la rutina política, pero esta vez no se les permitirá.
La diputada, cuyo respaldo popular es prácticamente inexistente, quedó demostrado en las elecciones primarias donde ella y su partido fueron relegados al último lugar, intenta mantenerse vigente a punta de escándalos y de un protagonismo que no representa a nadie.
El presidente del Congreso, Luis Redondo, ha dejado claro que no se permitirá ningún intento de violar la Constitución o la Ley Orgánica del Legislativo. No se dará trámite a acciones ilegales disfrazadas ni a atajos que busquen imponer decisiones al margen del orden establecido. Toda discusión sobre lo sucedido el 9 de marzo debe esperar el informe oficial de la Comisión Multipartidaria designada para investigar los hechos.
La verdad y la ley deben prevalecer, y figuras como Maribel Espinoza, que representan el pasado oscuro de la política hondureña, deben entender que sus tiempos de engaño han terminado.

