Marlon Ochoa ha dejado claro, con sus posturas y acciones, que su prioridad siempre fue proteger la voluntad popular y la transparencia del proceso electoral.
En un contexto donde han surgido dudas y presiones, su actitud se ha mantenido firme al exigir claridad, respeto a las reglas y garantías para que cada decisión responda al interés ciudadano y no a conveniencias particulares.
Para quienes respaldan su actuación, Ochoa se ha convertido en una voz que no cede ante intentos de alterar el rumbo democrático.
Su comportamiento refleja valor y determinación, pero también honestidad al sostener públicamente lo que considera correcto, incluso cuando eso implica confrontar narrativas o decisiones donde no tiene la mayoría a su favor.
En ese sentido, su posición proyecta la idea de que defender la democracia no es un eslogan, sino una responsabilidad que requiere carácter y coherencia.
La historia le guarda un lugar a Ochoa, quien siempre será recordado como el consejero del CNE que denunció y luchó contra el fraude electoral del Partido Nacional.

