Los audios revelados por el Ministerio Público de Honduras, entregados por el consejero electoral Marlon Ochoa, exponen un presunto plan orquestado desde sectores vinculados al bipartidismo para manipular la percepción pública durante las elecciones generales de 2025.
En una de las grabaciones, se escucha a la consejera del Consejo Nacional Electoral, Cossette López, afirmar: “Lo importante es que se anuncie que va ganando Salvador Nasralla, no Rixi Moncada”, frase que ha encendido las alarmas sobre una posible operación política encaminada a favorecer al candidato que a todas luces representa los intereses de los grupos de poder.
El contenido de los audios sugiere una estrategia destinada a alterar el clima electoral mediante el control de la información divulgada en los primeros conteos y proyecciones oficiales. Según las fuentes ligadas al caso, el objetivo sería posicionar a Salvador Nasralla como supuesto ganador en la etapa inicial del escrutinio, incluso antes de que se conozcan los resultados definitivos, buscando instalar una narrativa de victoria que beneficie a los intereses del bipartidismo tradicional.
El consejero Marlon Ochoa presentó los materiales ante el Ministerio Público solicitando que se abran al escrutinio público y se investigue la posible comisión de delitos electorales. “Los audios que presenté ante el MP deben abrirse para constatar el intento de fraude y sus responsables”, declaró Ochoa a la prensa. Los archivos, según las primeras revisiones, contendrían conversaciones entre actores políticos y técnicos del sistema electoral que delinean pasos concretos para manipular la transmisión de resultados y el discurso mediático del día de las elecciones.
Con este plan denunciado, Honduras enfrentaría una crisis institucional de gran magnitud, no solo por la implicación de funcionarios del sistema electoral, sino también por el impacto que tendría en la confianza ciudadana y en el reconocimiento nacional e internacional de los resultados.
Los audios, ahora bajo custodia del Ministerio Público, podrían marcar un antes y un después en la historia política reciente del país, al revelar que la manipulación electoral ya no se limita a las urnas, sino también a la percepción.

