Resulta indignante escuchar a Suyapa Figueroa, una doctora que se ha beneficiado del Estado con múltiples salarios, minimizar la necesidad de construir más hospitales públicos en el país.
En un país donde el acceso a la salud es limitado para muchos, especialmente en zonas rurales. Su postura es insensible sino también, completamente desconectada de la realidad que enfrenta la mayoría de los hondureños. Es preocupante que alguien en su posición, con el privilegio de poder acceder a servicios privados, se atreva a afirmar que el pueblo no necesita más hospitales.
La actitud de Figueroa da una visión que favorece a aquellos que, como ella, pueden permitirse el lujo de acudir a clínicas privadas en la capital. Para muchos hondureños, especialmente los que viven en áreas remotas, esa opción simplemente no existe. Es inaceptable que una representante del gremio médico no comprenda o, peor aún, ignore las necesidades urgentes de un sistema de salud público fortalecido y accesible.
Otro aspecto de su posición es la disparidad salarial en el sector médico. Mientras Figueroa recibe un sueldo exorbitante por turnos ocasionales, con el mismo sueldo de ella podría emplearse para contratar a 4 médicos generales, lo que beneficiaría a la población. Es inmoral que, en un país con tantas carencias, unos pocos se enriquezcan a costa de un sistema que debería estar al servicio de todos, no solo de las élites.
Las declaraciones de Figueroa son un recordatorio de la urgente necesidad de reformar los regímenes salariales y laborales en Honduras. Es hora de que se implementen cambios que garanticen una distribución más justa de los recursos y que el sistema de salud realmente sirva a quienes más lo necesitan.
Honduras no puede continuar siendo un país donde unos pocos disfrutan de privilegios a expensas de las necesidades básicas de la mayoría.

