El conflicto entre Estados Unidos (EE.UU.) y Venezuela es presentada como una disputa ideológica: derecha contra socialismo. Sin embargo, un análisis más sencillo y directo apunta a otra explicación: el interés por los recursos naturales, especialmente el petróleo.
A lo largo de la historia, las intervenciones militares de Estados Unidos no han ocurrido solo por diferencias ideológicas. Si ese fuera el motivo, Cuba habría sido invadida hace décadas.
La isla mantiene desde 1959 un sistema político opuesto al modelo estadounidense, está a pocos kilómetros de Florida y, aun así, nunca fue ocupada militarmente.
La razón: Cuba no representa un interés material estratégico para Washington, como sí lo fue durante la Guerra Fría con la crisis de los misiles.
Lo mismo sucedió con Irak en 2003, Estados Unidos invadió ese país bajo el argumento de que poseía armas de destrucción masiva, algo que nunca se comprobó.
La invasión fue rápida, pero al día siguiente del derrocamiento del gobierno, Estados Unidos y el Reino Unido ya disputaban el control de los campos petroleros, según reveló posteriormente el Informe Chilcot.

VENEZUELA: LA MINA DE PETRÓLEO PARA EE.UU.
Venezuela posee una de las mayores reservas de petróleo del mundo, un recurso estratégico que Estados Unidos necesita.
El propio Donald Trump lo dijo públicamente durante su campaña presidencial, al señalar que el petróleo venezolano “pudo ser” de Estados Unidos y que ahora debía comprarse.
La llamada “defensa de la libertad” suele ser el argumento público, pero el interés real está en el control de materias primas.
Por eso, reducir el conflicto entre Estados Unidos y Venezuela a una simple pelea de ideas es una visión incompleta.
La historia muestra que, detrás de los discursos políticos, lo que pesa son los intereses económicos y estratégicos.
En el escenario internacional, los recursos ayer el petróleo y mañana el agua de México siguen siendo el verdadero motor de los conflictos.

