En el mundo quizás fantástico de la política hondureña, bueno, la política tradicional que ha ejercido el bipartidismo (Liberales y cachurecos), donde los sueños de los pobres los convierteron en pesadillas y los de los ricos en jugosos contratos, el Partido Liberal parece haber encontrado la fórmula secreta: si no tienes pisto, ni lo intentes. ¿Qué mejor manera de representar al pueblo que seleccionando a los más acaudalados? La clase política liberal más rancia ha decidido que la mejor forma de cuidar al pueblo pobre es, por supuesto, asegurándose de que jamás los representen.
Por otro lado, Salvador Nasralla, el eterno salvador de la patria, ha innovado en el mercado político con una oferta irresistible: casillas de diputación a la venta. ¡Aproveche, señor empresario, compre su curul antes de que se agoten! Con una sonrisa de infomercial y la promesa de un futuro, Nasralla convierte la democracia en una especie de Black Friday donde los descuentos no existen, pero el poder sí.
Iroska Elvir, esposa y compañera inseparable del show, no se queda atrás. En una escena digna de una tragicomedia, lanza al aire una oferta que haría temblar a cualquier cazarrecompensas: un millón de lempiras a quien le encuentre actos de corrupción. Claro, lo curioso es que esa fortuna se amasa precisamente con el negociazo que tanto critica. La ironía no descansa en esta telenovela política donde los guiones los escriben las billeteras más abultadas.
El show de las casillas
La verdadera tragedia aquí es que los pobres, que a pesar de ser pobres y de ver como por primera vez existe un gobierno para los pobres como es el Socialismo Democrático, siguen aferrados en este festín pasajero del bipartidista. Ni el Partido Liberal ni Nasralla parecen interesados en representar a quienes no pueden pagar el precio de entrada al circo legislativo. Así que, mientras unos se pelean por la mejor casilla, los demás observan desde las gradas, preguntándose si algún día el show será para ellos. Pero bueno, ¿Quién le dice algo al bipartidismo?, si ellos controlan los medios, los bots y ahora, hasta la libertad de expresión
