Los precandidatos presidenciales importados del Partido Liberal de Honduras Jorge Cálix y Salvador Nasralla han vuelto a protagonizar un nuevo episodio de la ya larga telenovela política hondureña, dejando claro que, si hay algo que los une más allá de sus diferencias, es la ambición de llegar al poder. Ambos, con discursos incendiarios y acusaciones mutuas, parecen más interesados en acceder al gobierno para gestionar sus propios intereses que en verdaderas propuestas para el país.

Cálix, pre candidato presidencial por el Partido Liberal, lamentó profundamente que Nasralla se haya negado a firmar un pacto de unidad, aludiendo que la única manera de vencer al «estado autoritario» es con una gran alianza. Sin embargo, en medio de sus llamados a la unidad, Cálix no pudo evitar lanzar un par de indirectas, señalando que, a pesar de las diferencias internas, lo más importante es que el Partido Liberal gane. Según él, «no importa el candidato», lo único que cuenta es derrotar a quienes él considera parte de una élite corrupta que «quiere llegar al poder a la fuerza». Pero, claro, nunca dejó de lado la sutil sugerencia de que él sería la opción más viable para liderar esa batalla.

Por su parte, Salvador Nasralla, quien también se perfila como pre candidato presidencial, respondió con la contundencia que lo caracteriza. pre candidato presidencial no perdió tiempo y de inmediato dejó claro que el 9 de marzo –fecha clave en el futuro electoral de Honduras– decidirá si el Partido Liberal se inclina por un candidato «manipulable», lo que, según él, condenaría al país a una ola de emigrantes con mochilas listas para cruzar el río Bravo.

Además, Nasralla no dudó en hacer un llamamiento a su base de apoyo, asegurando que «la avalancha de personas» será la que determine el futuro de Honduras, como si, de alguna manera, sus seguidores fueran los únicos capaces de salvar a la nación del supuesto descalabro que significaría la victoria de Cálix. “Muchos corruptos no quieren que yo llegue al poder, pero la voluntad popular lo decidirá”, sentenció.

«luchas» con segundas intenciones

Lo que parece evidente, tras estos intercambios de palabras, es que tanto Cálix como Nasralla están más enfocados en llegar al poder que en las verdaderas soluciones para el país. Sus luchas internas por la presidencia del Partido Liberal no parecen ser más que una carrera por tener acceso al botín del gobierno, donde los actos de corrupción puedan realizarse de manera más eficiente y sin mayores obstáculos.

Sin embargo, a pesar de estos choques y sus respectivas ambiciones personales, el Partido Libre sigue consolidándose como la verdadera fuerza de oposición en Honduras. Con sus propios desafíos internos, sí, pero también con un compromiso claro: seguir siendo verdadera alternativa al poder corrupto que gobernó el país durante tanto tiempo pero todo cambió desde que la presidenta Xiomara Castro tomo posesión como mandataria del gobierno de Honduras. Mientras Cálix y Nasralla se lanzan acusaciones mutuas, lo único que parece seguro es que el Partido Libre es, será, y seguirá siendo, el dolor de cabeza de los corruptos que temen perder el control total del sistema político.

Al final, aunque Cálix y Nasralla se disputan el liderazgo con la esperanza de que su acceso al poder sea la clave para librarse de las sombras de la corrupción, el pueblo hondureño esta seguro y cada vez más consciente de que no basta con cambiar de nombres en el poder, sino de transformar profundamente el sistema así como la presidenta Castro lo a estado logrando y así mismo el pueblo hondureño no permitirá que burros corruptos vuelvan a manejar los destinos del país.


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