Salvador Nasralla, candidato presidencial por el Partido Liberal, enfrenta una de las mayores señales de debilitamiento en su carrera pública. El repudio contundente de la comunidad estudiantil universitaria.
Un sector que en 2013 y 2017 fue clave en su ascenso como figura «antisistema» y crítica del poder tradicional.
El más reciente episodio que evidencia esta pérdida de respaldo se vivió en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), donde fue cancelado un conversatorio titulado “Juventud, Liderazgo y Política”, que contaría con la participación de Nasralla y su esposa, la diputada Iroshka Elvir.
El evento, programado para el martes 1 de julio en el auditorio Juan Lindo de Ciudad Universitaria, generó una oleada de rechazo por parte del estudiantado, particularmente de la Facultad de Ciencias Sociales, obligando a la organización a suspenderlo.

Lejos de generar interés o expectativa, la presencia de Nasralla y Elvir provocó una tormenta de críticas. Estudiantes y egresados acusaron a los organizadores de usar el nombre de las asociaciones estudiantiles —como la de Ciencias Sociales y la de Economía— para legitimar a figuras políticas consideradas oportunistas y desconectadas de los principios que históricamente han defendido los movimientos estudiantiles en Honduras.
“Usar el nombre de la Asociación de Estudiantes de Sociales para legitimar a figuras que van en contra de todo lo que representa nuestra facultad es una falta de respeto”, expresó una estudiante en redes sociales. El rechazo fue tan masivo que incluso hubo llamados a boicotear el evento, eliminarlo de las plataformas digitales y denunciar a quienes lo promovieron.
DESGASTE POLÍTICO Y CONTRADICCIONES IDEOLÓGICAS
Este episodio refleja un patrón cada vez más visible en la carrera política de Nasralla: su pérdida de coherencia ideológica y la desconexión con los sectores que en el pasado lo respaldaron. Muchos estudiantes recordaron que el ahora político ha expresado posturas contradictorias, desde elogios a potencias extranjeras hasta desdén hacia luchas sociales como la defensa de los pueblos indígenas, causas ampliamente respaldadas por el movimiento estudiantil.
“Defendían a los pueblos originarios y ahora invitan a quien los ha despreciado públicamente”, expresó un estudiante. Otros señalaron el deterioro institucional y acusaron incluso injerencia de figuras ligadas al pasado rectorado universitario: “Julieta Castellanos está detrás de esto”, se leía en una de las críticas.
Además, la indignación se vio agravada por rumores de que la asistencia al evento otorgaría horas VOAE (actividades extracurriculares), lo que fue desmentido tajantemente por la Vicerrectoría de Orientación y Asuntos Estudiantiles. En un comunicado oficial, la VOAE aclaró que el conversatorio no formaba parte de su agenda y advirtió que sancionará a quienes intenten manipular estas actividades para fines políticos.

UN BRAZO FUERTE QUE YA NO LE PERTENECE
La resistencia estudiantil universitaria ha sido, históricamente, una fuerza crítica en la política hondureña, y Nasralla supo capitalizar su respaldo en campañas anteriores, presentándose como una alternativa ética al bipartidismo tradicional.
Sin embargo, la realidad actual pinta un escenario radicalmente distinto: ha perdido ese respaldo, y con él, uno de los brazos más combativos y conscientes del electorado joven.
El retiro de apoyo por parte del sector universitario no solo marca un revés simbólico para Nasralla, sino que también plantea interrogantes sobre su futuro político. El episodio en la UNAH es una señal clara de que su figura ya no convoca, ni emociona, ni representa a una parte crítica de la sociedad que una vez confió en él como una esperanza de cambio.
En medio de un clima de desgaste, contradicciones políticas y alianzas cuestionables, Nasralla se enfrenta al riesgo de quedar marginado en un escenario político donde la coherencia y la credibilidad pesan cada vez más.





