Gabriel García Márquez en su novela «El Coronel no tiene quien le escriba» narra la historia de un viejo coronel retirado que acude al puerto todos los viernes a esperar la llegada de una carta oficial que responda a la justa reclamación de sus derechos por los servicios prestados a la patria. Esta narrativa encarna magistralmente el realismo mágico, sello distintivo del genio colombiano.

En contraste, en Honduras, a veces también envueltas en los velos del realismo mágico, corre la fortuna de tener quien le escriba al General golpista y asesino Romeo Vásquez Velásquez.
La aspirante a poeta y Directora de facto del CNA, Gabriela Castellanos no ha fallado en sus escritos, orientados a dirimir la acción de justicia que se ha hecho. Sus tuits apuntan a demeritar el papel de una Temis que recién despierta de su prolongado sueño.
La poetisa añora la amplia cobertura mediática que se le brindaba al general. Quienes convirtieron al general en un instrumento del golpismo, cuando este se perdió en el laberinto, lo abandonaron.

Ni el COHEP ni la embajada estadounidense lo acompañaron. Ahora, el general se aferra a sus aliados más leales, igualmente culpables que él: la prensa corporativa, la falsa y mercenaria sociedad civil, y una poetisa que degrada el papel de los profesionales del derecho y avergüenza a la misma derecha continental a la que penosamente representa.

