El mundo despidió al papa Francisco, pero su legado resonará por generaciones, su cercanía con los desprotegidos y los necesitados. Así como con la juventud, hacen que muchos a nivel mundial le recuerden con especial cariño y guardando la fe y esperanza que su sucesor continúe con su trabajo dentro de la Iglesia Católica.
Cabe mencionar que, el cardenal Giovanni Battista Re destacó el infatigable compromiso de Francisco con la paz, recordando su emblemática frase: «Construir puentes y no muros».
Ante líderes mundiales y una multitud, se honró su llamado constante a la sensatez frente a las guerras.
La defensa de los migrantes fue otro pilar de su pontificado, desde su primer viaje a Lampedusa hasta su histórica misa en la frontera entre México y Estados Unidos (EE. UU.), confrontando la retórica del miedo con la humanidad de las víctimas. Su llamado a la «cultura del encuentro» sigue vigente.
Francisco encarnó una iglesia cercana a los marginados, inspirada en su labor pastoral en las villas miseria argentinas. Los «curas villeros» y los «Hogares de Cristo» son testimonio de su pragmatismo y su mensaje de acompañamiento «cuerpo a cuerpo». Su legado social perdura en las periferias del mundo.
Su postura crítica contra sanciones y bloqueos unilaterales fue resaltada por Cuba y Venezuela, quienes agradecieron su defensa ante el «bloqueo imperialista» y su llamado al cese de agresiones.
El Papa Francisco también se erigió como una voz de reclamo por los oprimidos, como lo destacó Hezbolá, quien valoró su crítica a la ocupación israelí y su defensa de Palestina. Su diálogo con líderes musulmanes reforzó la unidad entre credos.
El fraile dominico Frei Betto lo describió como un reformador eclesiástico y defensor de los derechos humanos, resaltando su encíclica «Laudato sí» y su crítica al «imperialismo».
Su legado trasciende la religión, marcando una «opción preferencial por los pobres» que resonó con movimientos sociales.
Con una visión geopolítica centrada en las periferias, Francisco desplazó el foco hacia los olvidados, promoviendo un «humanismo radical» y llamando a la transformación social desde la solidaridad y la justicia.
Sus encíclicas, como «Fratelli tutti», se convirtieron en hojas de ruta para un multilateralismo basado en el diálogo y la fraternidad.
El legado del papa Francisco perdura como un faro de paz, inclusión y justicia, un llamado a «hacer lío» en las periferias del mundo para construir un futuro más humano y solidario.
Su pensamiento «profundamente humanista y revolucionario» sigue vigente, inspirando a seguir sus pasos en la defensa de los derechos humanos y los pueblos oprimidos.

