El expresidente de Honduras y coordinador general del Partido Libertad y Refundación (LIBRE), José Manuel Zelaya, se pronunció con vehemencia sobre la situación política del país, reiterando la necesidad de una Asamblea Nacional Constituyente para redactar una nueva Constitución.
En sus declaraciones, Zelaya arremetió duramente contra las fuerzas políticas conservadoras, a las que calificó de «trogloditas» y «analfabetas de la democracia» por oponerse a una consulta popular.
Críticas a la oposición y la «democracia electoral»
Zelaya defendió la figura de la Asamblea Constituyente como el único mecanismo legítimo para establecer el marco legal y el pacto social de una nación, equiparándola con los procesos fundacionales de países como Estados Unidos.
Para el líder de LIBRE, la oposición a este mecanismo, como la ocurrida en 2009 con la «Cuarta Urna» que impulsó durante su mandato, proviene de «enfermos mentales» que no comprenden la verdadera democracia.
El expresidente fue enfático al señalar que las dos principales fuerzas políticas conservadoras del país, con más de 130 años de existencia, son las responsables del «atraso, la vileza y los saqueos» en Honduras.
Según Zelaya, estas fuerzas se oponen a una nueva Constitución porque están «muy satisfechas» con las leyes actuales, que, a su juicio, han «legalizado la corrupción» y favorecen a las clases dominantes que «sangran este país todos los días».
El «poder real» y la falta de consenso
A pesar de su firme postura, Zelaya reconoció que no se puede convocar una Asamblea Constituyente sin un pacto entre las fuerzas políticas.
El líder de LIBRE lamentó que su partido no esté impulsando esta iniciativa en este momento precisamente porque las fuerzas conservadoras se oponen.
El exmandatario hondureño argumentó que el «poder real» en Honduras no reside en el gobierno de la presidenta Xiomara Castro, sino en el bipartidismo, que maneja y tiene mayoría en el Congreso Nacional, la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía, además de controlar el poder económico del país.
Zelaya criticó lo que llamó «democracia electoral», que se limita a «poner fotos en un papel y que la gente vote por ellos», y enfatizó que la verdadera democracia va mucho más allá de este simple ejercicio estadístico.
A pesar de los obstáculos, Zelaya aseguró que la Asamblea Constituyente es un «proyecto histórico» que la sociedad hondureña terminará por reconocer.

