El viaje de la dupla Nasralla-Salum y la delegación bipartidista a Washington terminó convirtiéndose en la prueba más clara de su debilidad política, su desconexión con el país y su dependencia de factores externos. Lo que pretendía ser una ofensiva internacional para influir en el clima electoral hondureño, terminó siendo un fracaso rotundo que confirmó la falta de respaldo dentro y fuera del país.
A la audiencia convocada por la congresista María Elvira Salazar asistieron únicamente cinco legisladores estadounidenses —tres republicanos y dos demócratas— de un Congreso con más de 400 miembros. Ni el Departamento de Estado ni representantes del gobierno de Donald Trump participaron. La ausencia de actores clave dejó en evidencia que la sesión no tenía peso institucional ni respaldo diplomático.
El momento más tenso se produjo cuando uno de los propios congresistas estadounidenses cuestionó directamente a Carlos Trujillo, lobista cercano a Nasralla, por haber sido representante de la derogada ZEDE Próspera apenas meses atrás.
El señalamiento evidenció un conflicto de interés que dejó al descubierto la cercanía del bipartidismo con los intereses de las ZEDE y del gran capital financiero. Incluso se mencionó que la delegación hondureña viajó en un avión privado presuntamente financiado por esos mismos sectores.
La audiencia, que buscaba construir una narrativa contra el proceso electoral hondureño, terminó desviándose hacia críticas a la política exterior de Estados Unidos, los ataques de la administración Trump en el Caribe y la situación en Argentina bajo Milei. Para analistas, el descontrol del debate confirmó la improvisación y la agenda personal de Salazar, quien fue cuestionada por sus propios colegas al señalar que era su primera convocatoria en once meses.
En contraste, en Honduras avanzan las denuncias sobre los 26 audios verificados que revelan un plan para sabotear el proceso electoral: manipulación de transporte, control de conectividad y presiones para forzar la repetición de elecciones. Mientras el bipartidismo viajaba a Washington, en el país se afianzaba la percepción de que se trata de una estrategia desesperada para justificar una derrota anunciada.
A diez días de las elecciones, el viaje fallido a Washington quedó como un recordatorio de que las decisiones sobre la democracia hondureña no se toman en audiencias extranjeras, sino en las urnas y con la voluntad del pueblo. Y que el bipartidismo, sin respaldo en las calles ni en el extranjero, enfrenta su momento más crítico en décadas.
