Hall presume una “Elección General impecable”, pero el propio proceso dejó múltiples denuncias de fraude 

La consejera del Consejo Nacional Electoral (CNE), Ana Hall, publicó un mensaje en X en el que asegura que le tocó presidir “el proceso electoral más conflictivo de la historia reciente” y que, pese a ello, el CNE le dio al pueblo “la paz de una Elección General impecable”, supuestamente “calificada de ejemplar por observadores imparciales y por el mundo”. 

Sin embargo, esa afirmación contrasta con el ambiente de desconfianza que persiste alrededor del proceso y con los múltiples señalamientos que han surgido desde el mismo momento en que comenzaron a consolidarse los resultados.

Decir que la elección fue “impecable” resulta, como mínimo, una declaración desconectada de lo que amplios sectores denuncian: falta de transparencia en etapas clave, inconsistencias en actas, denuncias de manipulación en el conteo y cuestionamientos sobre la trazabilidad de los resultados que se divulgaron. 

Para críticos del proceso, la conflictividad no fue un simple “ruido” inevitable, sino una señal de fallas de fondo: cuando hay dudas razonables sobre cómo se procesaron, revisaron y validaron los datos, la “paz” no se decreta con un tuit, se construye con evidencia verificable.

Además, el mensaje de Hall intenta respaldarse en el reconocimiento de “observadores imparciales”, pero esa narrativa suele omitir un punto crucial: que una misión pueda valorar positivamente la jornada de votación en ciertos aspectos no significa que todo el proceso especialmente el escrutinio y la consolidación de resultados esté libre de cuestionamientos. 

Justamente, gran parte de las sospechas y denuncias se concentran en lo que ocurrió después: en cómo se administraron las inconsistencias, cómo se resolvieron disputas, qué criterios se aplicaron y con qué nivel de apertura se permitió la verificación pública.

A esto se suman los señalamientos de parcialidad. Diversas voces acusan que la conducción del CNE no se percibió como neutral, y que decisiones y posturas de los consejeros Hall y Cossette López, abonaron a la idea de un árbitro inclinado. 

En ese contexto, no es casual que se mencione a Marlon Ochoa como una excepción: para quienes cuestionan el proceso, Ochoa ha sido el único consejero que se ha desmarcado de lo que describen como una línea de actuación cerrada o políticamente alineada por parte del resto del pleno.

La credibilidad electoral no se sostiene con autoelogios ni con frases grandilocuentes sobre una elección “ejemplar”, sino con mecanismos claros de rendición de cuentas: publicación completa y ordenada de actas, auditorías técnicas, trazabilidad de cada corrección, explicaciones públicas sobre inconsistencias y garantías reales para la veeduría. 

Mientras existan denuncias de fraude, manipulación de resultados y dudas sobre la imparcialidad del árbitro, la afirmación de Hall no solo es polémica: para muchos ciudadanos, es una provocación que intenta cerrar en discurso lo que sigue abierto en la realidad.

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