En los últimos días, distintos medios corporativos, ministros y voceros de sociedad civil han instalado un mismo mensaje: Honduras enfrenta una supuesta “emergencia fiscal” por el monto de la deuda flotante.

Pero ¿los números respaldan realmente ese discurso?

¿Qué es la deuda flotante y por qué importa?

La deuda flotante corresponde a obligaciones del Estado pendientes de pago al cierre de un período fiscal. No es deuda externa nueva, sino compromisos ya adquiridos que aún no se han cancelado.

Según los datos expuestos:

  • En 2020, la deuda flotante cerró en L15,600 millones.
  • En 2021, la administración saliente dejó casi L13,000 millones.
  • Ambas fueron pagadas sin declaratorias de emergencia fiscal.

El argumento central es que el monto actual no constituye un hecho extraordinario que justifique una crisis.

Los indicadores fiscales de 2025

El gobierno de LIBRE cerró 2025 cumpliendo las reglas establecidas en la Ley de Responsabilidad Fiscal:

  • Deuda flotante menor al 0.5% del PIB
  • Déficit fiscal menor al 1% del PIB
  • Contención del gasto corriente

Además, el país logró:

  • La mayor reducción histórica de deuda pública, cercana al 10% del PIB.
  • El riesgo país más bajo en décadas (2.34%).

La narrativa de una emergencia estructural pierede fuerza técnica y pasa a ser un debate político.

¿Qué está realmente en juego?

La crítica más fuerte no se centra únicamente en los números, sino en las posibles consecuencias de declarar una emergencia fiscal.

El objetivo de ese discurso es habilitar:

  1. Despidos masivos que afectarían derechos laborales.
  2. Cierre de instituciones y programas públicos.
  3. Un proceso acelerado de privatización y venta de bienes públicos.

En otras palabras, la preocupación no es la deuda en sí misma, sino el uso político del concepto de crisis.

Aquí podés escuchar la explicación del ex ministro de Finanzas, Christian Duarte.

El contexto en Honduras

En Honduras, la discusión sobre deuda pública y disciplina fiscal ha sido históricamente sensible. Cada cambio de gobierno suele venir acompañado de disputas sobre cifras heredadas, responsabilidad financiera y modelo económico.

Para quienes ya crecimos entre crisis políticas, reformas estructurales y promesas de transparencia el debate no es solo técnico. Es una pregunta generacional:

¿Se está usando el discurso económico para justificar recortes que impactarán empleo, servicios y oportunidades?

Emergencia real o construcción narrativa

El debate sobre la deuda flotante no puede reducirse a un titular alarmista. Los números importan, pero también el contexto, la comparación histórica y las decisiones que podrían derivarse de esa narrativa.

La clave está en exigir datos verificables, comparar cifras con años anteriores y analizar qué medidas concretas se proponen bajo el paraguas de una supuesta emergencia fiscal.

Porque en política económica, el lenguaje no es neutro. Y declarar una crisis puede cambiar el rumbo de un país.


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