Héctor Soto 09/noviembre/2025

La Central de Riesgos -ese verdugo anónimo que se convirtió en protagonista de esta campaña electoral-, es un sistema de información que guarda el historial de todos los créditos para calcular el riesgo de las personas o empresas que piden préstamos en los bancos de Honduras.

Pero su poder no se mide solo en datos y nombres, también se refleja en la exclusión que provoca. Y es que el problema no es poca cosa, solamente el 39.7% de las personas adultas tienen cuentas bancarias y apenas el 20.5% de las personas adultas tienen acceso a un crédito en el sistema financiero formal, compuesto por los bancos e instituciones financieras que son vigiladas y reguladas por las leyes y el Estado. Así que la Central de Riesgos termina decidiendo quién participa de la economía y quién se queda afuera de ella.

Por eso, los otros 5 millones de hondureños mayores de 18 años se ven prácticamente obligados a buscar créditos en el sistema informal, ahí donde la regulación es prácticamente nula, las tasas de interés son altísimas y las deudas se vuelven casi eternas.

La actual Central de Riesgos fue pensada para ayudarle al hondureño que le va bien, aquel que tiene un empleo estable, con un contrato firmado, que lleva varios años con trabajo, que tiene fiadores igualmente afortunados, que vive en una colonia que les genera confianza a los bancos, a ese hondureño la Central de Riesgos le hace buenas evaluaciones y, por lo tanto, no tiene problemas para pedir dinero prestado y seguir prosperando.

Pero, la Central de Riesgos no fue pensada para ayudar al hondureño que le ha ido mal, aquel que se fue mojado y volvió al país, o aquel que tiene un negocito y vive de las ventas en su colonia, o aquel que le pagan cada sábado y nunca firmó un contrato, o aquel que no tiene amigos que le sirvan de fiador, o aquel que vive en esas colonias y barrios que no les gustan a los bancos. A esos hondureños la Central de Riesgos los ve como un problema, y justamente por eso, les pone trabas para prestarles dinero.

Así que la Central de Riesgos terminó convertida en un palco VIP donde solo entran los mejor evaluados, o sea los ricos y una parte de la clase media más estable económicamente. Pero la clase media que se tambalea y los pobres les toca conformarse con las graderías financieras, ahí donde los esperan las financieras poco confiables, los agiotistas, las casas de empeño y los que están dispuestos a prestar dinero a tasas de interés inhumanas.

Por eso Rixi Moncada ha planteado eliminar la Central de Información Crediticia (CIC), conocida popularmente como “Central de Riesgos” a partir del 27 de enero de 2026, como parte de una Ley de Democratización del Crédito orientada a la inclusión financiera masiva.

Eliminar la Central de Riesgos no se trata de que los bancos le presten a ciegas a “Raimundo y medio mundo”, se trata de democratizar los créditos, o sea, que más personas puedan acceder a los créditos, que se aumente la inclusión financiera para que más personas puedan tener una cuenta bancaria o ser parte de una cooperativa, y que se cambien las reglas del juego para tener más justicia financiera al momento de evaluar y darle una oportunidad de crédito a las personas pobres.

No es justo que en Honduras, la deuda en Tarjetas de Crédito sea 9 veces más grande que los préstamos a microempresarios, tampoco es justo que se pida mayor inversión extranjera mientras el sistema financiero y bancario le niega el crédito al pequeño inversionista nacional, y definitivamente no es justo que esperemos que el desarrollo se construya con el dinero que traen los inversionistas de afuera mientras los bancos le niegan el dinero a los pequeños inversionistas que están adentro.


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