En un reciente pronunciamiento, la Embajadora Laura Dogu, expresó en un post los resultados de las elecciones presidenciales en Venezuela, declarando que «El Consejo Nacional Electoral controlado por Maduro declaró a Nicolás Maduro ganador» y que este hecho no reflejaba «La voluntad y los votos del pueblo venezolano.»

Según Dogu, la falta de transparencia y la supuesta manipulación electoral han despojado de credibilidad los resultados anunciados, y llamó a Maduro a respetar las aspiraciones democráticas del pueblo y a tomar medidas para restaurar los procesos democráticos en Venezuela.

Es curioso cómo la preocupación de la señora Dogu, por la transparencia y la democracia en Venezuela parece contrastar con la historia reciente de su propio país en América Latina.

¿No fue Laura Dogu la que reconoció el fraude del narcodictador de JOH en Honduras en el año 2013 y 2017?

Estados Unidos no tienen ninguna altura moral ni ética para hablar de democracia o procesos electorales transparentes, hay que recordarle que impusieron a un narco en el 2013 y 2017 a punta de fraude electoral y una reelección ilegal. Mientras al pueblo lo mataban en las calles de Honduras, ustedes aplaudían las caídas del sistema en el antiguo TSE.

En 2017, en Honduras, Juan Orlando Hernández fue reelecto en un proceso electoral denunciado por irregularidades y fraudes. La comunidad internacional, incluida la misma Embajada de los Estados Unidos, mostró una actitud complaciente, sin exigir las mismas medidas de transparencia y rendición de cuentas que ahora reclama en Venezuela.

La hipocresía del imperio norteamericano se manifiesta en su máxima expresión cuando exige estándares democráticos en otros países que no aplica en sus intervenciones y apoyos estratégicos en la región.

Mientras que ha JOH se le permitió la consolidación de un régimen cuestionado, en Venezuela se condena un proceso electoral sin evidencias concluyentes de fraude más allá de las acusaciones políticas. Esta doble moral revela las intenciones de Estados Unidos y que también revela sus verdaderas intenciones de influir en la política interna de países soberanos para favorecer sus propios intereses.

La situación en Venezuela, como en cualquier país, debe ser resuelta por sus ciudadanos. Y cualquier injerencia externa que busque imponer liderazgos a conveniencia, solo servirá para exacerbar los conflictos y la desconfianza en los procesos democráticos.

Laura Dogu

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