Marlon Ochoa, lanzó una contundente advertencia sobre la consumación de lo que calificó como un fraude y un golpe electoral en Honduras, luego de que se emitieran los resultados del proceso.
En una conferencia de prensa que rápidamente se viralizó en plataformas digitales, Ochoa sostuvo que aquellos que previamente habían omitido o cuestionado sus reiteradas denuncias sobre irregularidades en el proceso, se convirtieron automáticamente en cómplices de la manipulación de la voluntad popular.
La advertencia de Ochoa coronó semanas de tensión y reclamos dentro del ente electoral. El consejero denunció públicamente un fraude electoral, asegurando que los hechos que describió no fueron sucesos aislados, sino que formaron parte de una operación coordinada entre las cúpulas del bipartidismo tradicional y una supuesta injerencia extranjera aliada.
Esta operación, según sus palabras, tuvo como objetivo «imponer una decisión electoral que corresponde al pueblo soberano.
A lo largo de las jornadas electorales, y posteriormente durante el escrutinio, Marlon Ochoa documentó una serie de eventos anómalos que compartió constantemente en sus redes sociales, convirtiendo Twitter «X» en los principales canales de su protesta.
- Evidencias de Transporte Irregular: Ochoa reportó que el material electoral fue trasladado de manera inadecuada, citando casos donde las maletas electorales fueron vistas viajando en buses rapiditos Coaster por la ciudad capital y, peor aún, quedaron tiradas y abandonadas en aceras, debido a que los transportistas carecían de instrucciones claras sobre su destino final.
- Problemas de Embalaje y Entrega: En sus comunicados, criticó la falta de transparencia y gestión eficiente del CNE, señalando que las maletas no estuvieron listas a tiempo, lo que resultó en que muchas Juntas Receptoras de Votos (JRV) no recibieron el material completo y necesario en las escuelas.
- Actas con Errores y Denuncias de Recuento: A pesar de que el CNE emitió un comunicado unánime indicando que solo se registraron 765 actas con errores (apenas el $1\%$ del total), el consejero subrayó la magnitud de las irregularidades, vinculando estos fallos a una conspiración mayor.
Las denuncias de Ochoa generaron una intensa polarización en las redes sociales. Mientras que los simpatizantes de su partido retuitearon y compartieron masivamente cada una de sus alertas, consolidando la narrativa del fraude, otros sectores políticos y críticos cuestionaron la veracidad y el momento de las acusaciones. Muchos usuarios de la oposición tildaron sus señalamientos de «estrategia política» para deslegitimar el proceso ante resultados desfavorables.
En medio de este ambiente digital cargado, Ochoa elevó el tono de su discurso. Se dirigió directamente a quienes lo habían desestimado, sentenciando que la omisión y el cuestionamiento a sus advertencias previas los hacía cómplices de la ruptura del orden democrático. Esta narrativa, que vinculaba la indiferencia con la complicidad, fue el punto álgido de su mensaje final, resonando fuertemente entre la base que sintió que sus quejas fueron sistemáticamente ignoradas.
La controversia escaló hasta el punto de que el propio Fiscal General intervino, advirtiendo que no permitiría que las elecciones se dieran por fracasadas y que los que fallaron van a ir presos», en un claro intento por disuadir cualquier acción violenta o de desestabilización post-electoral.
El reclamo final de Marlon Ochoa, difundido en todas las plataformas digitales, instaló la duda sobre la limpieza de los resultados y dejó un ambiente de profunda desconfianza en la cúpula del organismo electoral, independientemente de los resultados finales. El consejero concluyó reiterando que la única vía era respetar la voluntad del pueblo hondureño, mientras la atención se centraba en las repercusiones legales y políticas de sus graves acusaciones.

