Durante toda la campaña electoral, Rixi Moncada ha caminado los barrios populares de diferentes departamentos de Honduras. Acompañada de la gente sencilla, esa que no necesita invitación para abrirle la puerta y contarle sus problemas.
Cada miércoles, la candidata de LIBRE visita una nueva comunidad, se mezcla con el pueblo sin poses ni protocolos, escucha, abraza y comparte con quienes más han sentido el abandono del sistema durante los anos de la narcodictadura.




En contraste, Salvador Nasralla, el autodenominado “outsider” de la política, parece más cómodo en salones de hoteles de lujo que en los pasajes de tierra de los barrios del país. Según fuentes cercanas a su equipo, el candidato liberal ha cancelado la mayoría de sus actividades territoriales, alejándose cada vez más de la base popular.



“Le da mareo juntarse con el pueblo”, dicen con ironía algunos simpatizantes en redes sociales, recordando que Nasralla ha preferido rodearse de empresarios y figuras del poder económico, dejando a un lado el contacto con la gente que alguna vez dijo representar.
La diferencia entre ambos liderazgos se refleja en las calles y en las encuestas: mientras Rixi Moncada reúne multitudes cada semana y consolida el apoyo campesino y popular. La oposición atraviesa un periodo de desorganización y pérdida de estructura.
A menos de tres semanas de las elecciones generales, el contraste no podría ser más claro: mientras unos se aíslan detrás del cristal de los hoteles, otros siguen caminando descalzos junto al pueblo.
