El candidato presidencial por el Partido Liberal de Honduras (PLH), Salvador Nasralla, volvió a evidenciar una contradicción en su discurso político durante su visita a España, donde se reunió con Sasán Fúnez, ex candidato a designado presidencial del Movimiento Avanza, vinculado a Ana García, del Partido Nacional de Honduras (PNH) y esposa del narcodictador Juan Orlando Hernández.
Durante el encuentro, Nasralla le habría ofrecido manejar los cargos diplomáticos en las embajadas de España y Washington.

La promesa de puestos de alto nivel revela la desesperación del candidato por obtener respaldo de figuras relacionadas con el narcotráfico, a pesar de su reiterado discurso de lucha contra la corrupción.
Fúnez es conocido por su cercanía con Ana García y el círculo del narcotraficante Juan Orlando Hernández, un vínculo que ha generado cuestionamientos sobre su independencia política y sobre la naturaleza de las alianzas que Nasralla está formando.
Si bien no existen denuncias públicas que lo involucren directamente en actos de corrupción, su trayectoria dentro del movimiento de Ana García lo posiciona como un exaliado del régimen de JOH.
El movimiento de Nasralla evidencia como él incorpora figuras del bipartidismo desgastado y cuestionado, dejando de lado cualquier imagen de ruptura con los actores que históricamente han dominado la política hondureña.
El pueblo observa cómo personajes vinculados al antiguo régimen regresan al escenario bajo nuevas banderas, mientras el discurso de transformación se diluye frente a la estrategia del reciclaje político.
La incorporación de aliados del pasado político contradice el mensaje de renovación que Nasralla ha promovido durante su campaña.
Con esta jugada, Nasralla apuesta por el oportunismo y la consolidación de apoyos con quienes dañaron durante más de 12 años a los hondureños.
