Honduras vuelve a estremecerse ante otra tragedia provocada por el clima de confrontación que el bipartidismo sembró durante décadas. La balacera registrada en La Cuesta, Santa Bárbara, dejó como saldo la muerte del pequeño Kaleb Hernández, de apenas cinco años, y a Keydy Pineda, de 14, gravemente herida.

Según los primeros informes, sujetos desconocidos atacaron una caravana de vehículos que se dirigía a un evento del Partido Libertad y Refundación (LIBRE), justo a pocos días de las elecciones generales. Este hecho revela, una vez más, cómo la violencia política sigue siendo un arma para intimidar a quienes defienden la transformación social que hoy impulsa el Gobierno de la Presidenta Xiomara Castro.

Kaleb no era un espectador ajeno a la realidad nacional; era un pequeño que crecía rodeado del compromiso comunitario que su madre le inculcaba desde sus primeros pasos. En su aldea, el centro educativo fue rehabilitado con fondos del Ejecutivo y gestionado por diputados de LIBRE, y Kaleb incluso fue la imagen de la obra terminada. ¿Cómo él y su familia no iban a participar en un evento político del partido que sí ha respondido a las necesidades de su comunidad? Su presencia, como la de tantos niños hondureños, simbolizaba esperanza, alegría y la convicción de que el país puede ser mejor.

Una violencia sistemática que golpea siempre hacia el mismo lado

Lo ocurrido en La Cuesta no es un hecho aislado: forma parte de un patrón histórico en el que la violencia política recae, con dolorosa frecuencia, sobre los activistas, militantes y dirigentes de LIBRE. La misma violencia que hoy arrebata a Kaleb es la que recientemente cobró la vida de un dirigente en Azacualpa y del candidato Bustillo en Yoro, Yoro. Mientras tanto, los partidos del viejo bipartidismo no registran ataques similares en sus eventos, lo que evidencia una asimetría peligrosa y un intento reiterado de intimidar a quienes luchan por profundizar los cambios democráticos.

El Gobierno de la Presidenta Xiomara Castro ha condenado de manera tajante este crimen, reafirmando su compromiso con la defensa de la vida, la democracia y los derechos políticos de todos los hondureños. Ahora, la ciudadanía exige que la DPI y el Ministerio Público actúen con diligencia, eficiencia y responsabilidad para que este atentado no quede impune. La justicia no puede seguir siendo un anhelo postergado, mucho menos cuando se trata de la vida de un niño, una adolescente herida y una comunidad entera marcada por el miedo.

Desde todos los rincones del país surge un profundo sentimiento de solidaridad hacia la familia de Kaleb, cuya pérdida es también una herida para Honduras. Se espera la pronta recuperación de la joven Keydy Pineda y que este hecho no sea silenciado ni manipulado. En memoria de Kaleb, en defensa de la democracia y en respeto al derecho a la participación política sin miedo, el pueblo sigue firme: ni un paso atrás. La lucha por la justicia continúa, y el clamor es uno solo: ¡Justicia para Kaleb!


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