Con un discurso combativo, cargado de memoria histórica y espíritu emancipador, la presidenta de Honduras, Xiomara Castro, inauguró IX Cumbre de Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), marcando el rumbo de la integración regional.
Desde el corazón de América Latina, la mandataria alzó la voz contra el modelo neoliberal y reafirmó el compromiso de las naciones con la unidad, soberanía y autodeterminación de los pueblos.
Xiomara expresó que la entrega de la Presidencia Pro Tempore no era un simple acto ceremonial, sino una decisión política que confronta el aislamiento al que han querido condenar a las naciones de América Latina.
“No podemos seguir caminando separados cuando el mundo se reorganiza sin nosotros”, advirtió con firmeza, recordando que la integración es una tarea urgente frente a las nuevas formas de colonialismo económico.
CELAC: UN SUEÑO DE LOS PUEBLOS
La mandataria Castro señaló al modelo impuesto por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y los intereses injerencistas de las grandes potencias.
También, recordó que el neoliberalismo vació las economías latinoamericanas, empobreció a los pueblos, convirtió en negocio los derechos básicos, generó violencia y migración forzada.
«La CELAC no es una organización perfecta, pero es nuestra. Nace de un sueño, de un ideal, de una utopía, de nuestros libertadores y de nuestros próceres«, aseveró la mandataria.
Durante su gestión al frente del organismo, Xiomara impulsó:
- 16 reuniones de coordinadores nacionales.
- 12 encuentros ministeriales.
- 1 cumbre de emergencia.
Consolidando a la CELAC como un espacio vivo, útil y profundamente revolucionario.
RESISTENCIA POPULAR
Castro también rememoró el origen del Partido Libertad y Refundación (Libre) y su llegada al poder como el triunfo de la resistencia popular contra una narcodictadura impuesta tras el golpe de Estado del 2009.
“Regresamos del exilio para unirnos con el pueblo a través de la lucha de la resistencia pacífica, democrática y popular”.
Asimismo, la presidenta recordó el respaldo del presidente Lula da Silva durante el golpe de Estado de 2009, cuando resguardó a toda su familia en la Embajada de Brasil en Tegucigalpa.
Además, denunció el criminal bloqueo contra Cuba, así como la agresión genocida contra el pueblo palestino.
Al entregar el mando pro tempore a Colombia, confió en el liderazgo del presidente Gustavo Petro para continuar la lucha contra la injusticia global y consolidar un espacio de cooperación socialista, justicia ambiental y libertad plena.

