Grupos de poder detrás del plan para sabotear las elecciones: el bipartidismo actúa como operador del fraude

Una conversación filtrada entre figuras políticas y un militar activo ha revelado lo que podría ser uno de los intentos más graves por manipular el proceso electoral en Honduras. Las grabaciones, donde participan la abogada Cossette López-Osorio, el diputado nacionalista Tomás Zambrano y un militar no identificado, exponen un plan para influir en la transmisión de resultados, controlar la logística electoral y crear una narrativa de fraude con el objetivo de deslegitimar las elecciones del 30 de noviembre. Detrás de estas maniobras, según los indicios, no solo está el bipartidismo tradicional, sino los grupos económicos y políticos de poder que históricamente han intervenido en los procesos democráticos del país.

En los audios, López-Osorio menciona la importancia de “tener el control por lo menos del transporte” del material electoral y de manipular la conectividad de los centros de votación, mientras que Zambrano habla de coordinar mensajes para “sembrar duda” en el electorado. Más allá de la estrategia mediática, la conversación evidencia una estructura bien articulada entre sectores políticos, empresariales y militares. “Hay un sector de las Fuerzas Armadas que está muy alineado con nosotros”, admite el diputado en uno de los fragmentos, sugiriendo una peligrosa injerencia militar en la voluntad popular.

El papel del bipartidismo en este entramado es el de operador funcional del fraude, al servicio de los intereses de las élites que buscan mantener el control económico y político del país. Desde la adjudicación de contratos para el transporte electoral hasta la manipulación de observadores y consejeros del Consejo Nacional Electoral (CNE), las conversaciones dejan entrever que el plan no busca fortalecer la democracia, sino perpetuar la hegemonía de los mismos grupos de poder que han gobernado Honduras por décadas. “Los militares están con nosotros”, afirma López-Osorio, confirmando la alianza entre sectores políticos y las fuerzas armadas, una combinación que históricamente ha sido utilizada para frenar los avances populares.

Esta filtración no solo expone un posible intento de fraude electoral, sino la vigencia de un sistema que se resiste a morir. Los grupos económicos —bancos, contratistas y familias tradicionales— siguen moviendo los hilos del poder tras bambalinas, utilizando al bipartidismo como fachada. La derecha política, debilitada en las urnas, intenta ahora reconstruir su poder desde la sombra, apelando al miedo, la confusión y la desinformación para deslegitimar la voluntad ciudadana.

Ante estas revelaciones, los organismos electorales, el Ministerio Público y las misiones internacionales de observación tienen la obligación de investigar los hechos y garantizar la transparencia del proceso. El pueblo hondureño merece elecciones libres, sin la injerencia de quienes han hecho del país su patrimonio personal. El verdadero enemigo de la democracia no está en las urnas, sino en los escritorios de los poderosos que temen perder el control.

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