El Colegio de Periodistas de Honduras (CPH), se fundó en 1979, con el objetivo de velar por la libertad de expresión, garantizar la ética y la calidad del periodismo; sin embargo, desde sus inicios solo ha servido a los intereses de las élites conservadoras y los gobiernos de derecha.
Especialmente durante la narcodictadura de Juan Orlando Hernández (JOH), esta institución fue cómplice y parte activa del engranaje de corrupción, silencio y manipulación.

Estos periodistas se beneficiaron con premios, financiamiento y protección directa desde Casa Presidencial. Hoy tienen el descaro de autoproclamarse “defensores de la libertad de expresión”.
¿A QUIÉN LE PERTENECEN LOS MEDIOS EN HONDURAS?
En Honduras, el 94% de los medios impresos están controlados por apenas diez familias. Figuras como los Facussé (dueños de La Tribuna) y Canahuati Larach (Grupo OPSA: El Heraldo, La Prensa) han impuesto una narrativa acorde a sus intereses económicos y políticos.
La televisión tampoco se salva: el 82% de los canales está en manos de clanes como los Atala Faraj y los Ferrari, quienes dominan espacios como TN5, Hoy Mismo y Frente a Frente.
Por lo tanto periodistas como Dagoberto, Osman Reyes, Juan Carlos Sierra y Edwin no defienden la libertad de expresión, sino al poder mediático en manos de las 10 familias.
PERIODISTAS VENDIDOS
Durante la narcodictadura se repartieron casi 100 millones de lempiras a más de 70 comunicadores.
Juan Carlos Sierra, periodista Hermes

El actual directivo del CPH y exempleado estrella de TN5. Su nombre figura en el infame Caso Hermes, y fue beneficiado con fondos provenientes de la narcopresidencia.
Él es uno de los más activos en redes contra la presidenta Xiomara Castro y la abogada Rixi Moncada, siempre bajo el disfraz de “periodismo”.
Dagoberto Rodríguez Coello, de Radio Cadena Voces, medio de los Kafie.

Su cercanía con el gobierno de JOH y el partido nacional, fue muy intensa cuando el fue presidente del CPH durante cuatro años. También fue presidente del Instituto de Previsión Social del Periodista (IPP). Ambas gestiones fuertemente criticadas por falta de transparencia en el manejo de fondos del IPP y por sanciones del Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIP) por ocultar información.
No alzó la voz para defender a los periodistas perseguidos, pero sí se paseaba cómodo por Casa Presidencial. En 2025, irónicamente, se premió a sí mismo con el Álvaro Contreras. Actualmente tiene una denuncia por calumnia y difamación por el ministro de Finanzas, Christian Duarte, tras reportaje de sobregiro presupuestario.
Osman Reyes Pavón, exjefe de comunicaciones del 911.

El siempre disfrazado de académico, que nunca denunció los crímenes del régimen al que servía. Fungió como gerente de Comunicación del Sistema Nacional de Emergencias 911, durante el gobierno de JOH. Y ha trabajado en El Heraldo, La Tribuna.
Edwin Romero García, también trabajo en el Colegio de Periodista, fue sancionado por negarse a rendir cuentas sobre el manejo financiero del IPP, su desprecio por la transparencia es público y documentado.
Juan Ramón Mairena, Luis Edgardo “Escopeta” Vallejo y Adán Elvir: viejos operadores del Colegio, ligados a los partidos tradicionales. Cómplices por omisión, siempre del lado del poder, nunca de la verdad.
¿POR QUÉ ATACAN TANTO A LIBRE?
No les molesta la censura, no les molesta la corrupción, pues la defendieron durante 12 años. Lo que les incomoda es haber perdido las grandes coimas que recibían por parte del narcodictador, por lo tanto, les molesta ver a un gobierno progresista desmontando su red de privilegios.
La reciente reunión de expresidentes del Colegio para “defender la libertad de expresión” no fue más que una lavada de cara. ¿Qué autoridad moral tienen quienes callaron ante asesinatos de periodistas, despidos arbitrarios y cierres de medios durante 12 años?
El Colegio de Periodistas se convirtió en una estructura excluyente, elitista y sometida a los intereses de las 10 familias que controlan el país.
Lo que alguna vez debió ser una defensa de la verdad y la ética, terminó siendo un sindicato de silencios comprados y privilegios blindados.
Y no hay campaña de odio que les devuelva la credibilidad a quienes se vendieron por unos cuantos lempiras.







