En diversas ciudades del país, líderes comunitarios y vecinos han denunciado que las maras incrementaron su influencia durante el proceso electoral, especialmente en zonas urbanas donde mantienen control territorial.
Mientras tanto, estructuras del narcotráfico reforzaron su presencia en el litoral atlántico y en el occidente, generando un clima de tensión paralelo al desarrollo de la campaña.
De acuerdo con testimonios de habitantes de barrios y colonias, los mareros estuvieron exigiendo a los ciudadanos que mostraran fotografías del voto marcado, particularmente a favor del candidato conocido como “Papi”, con el objetivo de utilizar esas imágenes como evidencia del apoyo obligado.
Esta práctica, además de ilegal, generó temor entre votantes que se sintieron vigilados y presionados al momento de ejercer su derecho ciudadano.
Otro punto de alarma surgió cuando miembros de maras solicitaron ser incluidos en grupos internos de comunicación de colectivos del partido LIBRE, supuestamente para intimidar a sus integrantes y monitorear su actividad política.
Según relatos de dirigentes locales, estas solicitudes no solo buscaban infiltración, sino también enviar un mensaje claro de control: la actividad política en ciertos territorios debía alinearse a los intereses de estas estructuras criminales.
Las maras continúan ejerciendo poder e intimidación
La candidata presidencial también advirtió públicamente sobre este fenómeno. En una de sus últimas entrevistas afirmó: “No podemos permitir que las maras condicionen el voto ni intimiden a nuestra gente; están presionando en colonias y queriendo entrar a nuestros grupos”.
En otra intervención reiteró que estos grupos criminales intentan “influir directamente en la voluntad popular”, llamando a las autoridades a actuar con firmeza para garantizar elecciones libres y seguras.
Las denuncias evidencian un patrón de interferencia que compromete la tranquilidad del proceso electoral y subraya la necesidad de reforzar la seguridad y la protección del voto, especialmente en zonas de alta vulnerabilidad donde las maras continúan ejerciendo poder e intimidación.

