En un intento por navegar las turbulentas aguas del reciente «narcovideo» que involucra al diputado liberal Mauricio Villeda junto al narcotraficante Leonel Rivera Maradiaga, Salvador Nasralla ha protagonizado una entrevista radial que raya entre lo cómico y lo patético. Con declaraciones que desafían la lógica y la memoria colectiva, el eterno candidato presidencial y autoproclamado defensor de la honestidad ha dejado al descubierto una doble moral digna de un guion de comedia negra.
Al ser consultado sobre si le sorprendía ver a Villeda compartir mesa con un conocido narcotraficante, Nasralla, con una serenidad pasmosa, respondió: «No, no me sorprende porque uno no se da cuenta cuando le invitan a una reunión, uno no sabe, a menos que sea parte del rollo, uno no sabe. Cuando le invitan con quien se está sentando». Es decir, según el ingeniero, uno puede terminar compartiendo un café con el Chapo Guzmán sin tener la menor idea, ¡qué conveniente!
«Si no hay dinero, no hay pecado»: la nueva tesis de Nasralla
La joya de la corona llegó cuando Nasralla justificó la presencia de Villeda: «lo importante es que él no aceptó, si acaso le ofrecieron, no le he visto, pero que se haya sentado mientras él no aparezca recibiendo ni hablando sobre cosas de dinero, yo no le veo ningún pecado«. Así, el ingeniero nos presenta su nueva doctrina anti-corrupción: la falta de «pecado» se mide por la ausencia de billetes en la mano o conversaciones monetarias, sin importar con quién te reúnas. ¿Será que ahora los narcos también tienen su círculo de amigos donde solo se habla del clima y la filosofía?
En Honduras todo el mundo se conoce… ¿o no? la amnesia selectiva de Nasralla
Cuando la periodista le recordó que «en Honduras todo el mundo se conoce» y que una reunión con un narcotraficante «ya dice mucho», Nasralla, con una voltereta argumental digna de gimnasta olímpico, optó por la indiferencia. «Bueno, este video creo que me interese, no sé si realmente corresponde, pero lo voy a ver detenidamente, pero yo no le veo ningún asunto ilegal».
Pero la cosa se puso aún más surrealista cuando el entrevistadora, quizás intentando un golpe de realidad, le dijo: «Sí me conoce, me conoce como periodista y yo lo conozco a usted como una persona de renombre en Honduras y además candidato presidencial en varias ocasiones». La respuesta de Nasralla fue una perla que debería ser enmarcada: «Sí, eso pensaba yo también de la familia Zelaya Castro, que es una de las familias ricas de Honduras, pero resultaron ser de la misma loma del lobo que está preso en Nueva York». En un intento desesperado por desviar la atención y como siempre queriendo culpar a los demás para no hacerse cargo de sus declaraciones irrisorias, el presentador se lanzó al ataque contra otros, como si el caso de Villeda se desvaneciera por arte de magia.
El Partido Liberal: ¿Un semillero de «desconocidos» para Nasralla?
Esta entrevista no solo expone las inconsistencias de Nasralla, sino que también arroja una luz mordaz sobre la percepción del Partido Liberal, una agrupación que, para el ojo público, parece estar cada vez más entrelazada con figuras de dudosa reputación.
La ironía de Nasralla, quien a menudo se jacta de rodearse de «gente honesta», es que ahora se encuentra defendiendo a un miembro de un partido cuyas filas, según parece, son una fuente inagotable de «sorpresas» para él. La ingenuidad forzada de Nasralla ante este tipo de escándalos es, cuando menos, risible, y en el peor de los casos, una muestra de su incapacidad para afrontar la realidad. Al final, la única sorpresa es que alguien todavía se sorprenda con sus declaraciones carentes de inteligencia.

