El Partido Liberal de Honduras atraviesa la peor crisis de su historia contemporánea. Lo que una vez fue una fuerza determinante en la política nacional hoy se desintegra entre escándalos, pugnas internas, narcopolítica, y deserciones masivas hacia el Partido LIBRE.
Detrás del colapso hay una verdad irrefutable: el Partido Liberal no se está cayendo, se está derrumbando desde adentro, víctima de sus propios pactos oscuros y de la protección que por años brindó al poder económico y al crimen organizado.
NARCOVIDEOS Y EL SILENCIO CÓMPLICE
La reciente aparición del expresidenciable y actual diputado Mauricio Villeda en un narcovideo reavivó los fantasmas que desde hace años rondan a la cúpula liberal. Su reacción —“fue una trampa”— no solo fue poco convincente, sino que retrata la arrogancia con la que históricamente han manejado sus vínculos con el poder oscuro.
Villeda aseguró que pensaba que se trataba de una reunión con empresarios y que nunca recibió dinero, como si la ingenuidad fuera una excusa válida en una estructura política con décadas de experiencia.
Esta revelación solo suma a la larga lista de acusaciones de financiamiento ilícito, pactos con el narcotráfico y favores políticos que han rodeado a figuras liberales, muchas de las cuales han sido salpicadas —directa o indirectamente— por casos como el de Los Cachiros, el Honduras Leaks y los expedientes que aún circulan en cortes del Distrito Sur de Nueva York.
CNE: EL BOTÍN DE LA DISCORDIA
En plena antesala electoral, la lucha por el control del Consejo Nacional Electoral (CNE) ha expuesto las fracturas internas del Partido Liberal, y su desesperado intento por mantener cuotas de poder a cualquier costo. La maniobra de Cossette López, al intentar sesionar con solo dos consejeros en el pleno del CNE, fue denunciada como ilegal por Ana Paola Hall, quien rompió el silencio con un comunicado contundente que desmantela el intento de forzar decisiones desde una “mayoría ficticia”.
Esta ilegalidad fue también señalada por el consejero de LIBRE, Marlon Ochoa, quien ha denunciado reiteradamente los intentos del bipartidismo de manipular el proceso electoral desde dentro del órgano electoral. Con ello, queda al descubierto una estrategia sistemática para cocinar un fraude electoral con apariencia de legalidad, utilizando las instituciones como armas de control político.
LA “ORACIÓN POR LA DEMOCRACIA”: FE AL SERVICIO DEL FRAUDE
El involucramiento de sectores religiosos —tanto católicos como evangélicos— en una movilización “por la democracia” convocada para el 16 de agosto ha levantado más sospechas que devoción. Aunque se presenta como una jornada de oración, la movilización ha sido respaldada públicamente por líderes del Partido Nacional y del Partido Liberal, revelando su verdadero objetivo: legitimar un proceso electoral manipulado desde el poder.
GUERRA DE EGOS Y DESCOMPOSICIÓN INTERNA
Mientras la institución se tambalea, sus líderes libran una guerra infantil por controlar los restos del partido. El presidente del Consejo Central Ejecutivo Liberal, Roberto Contreras, y Salvador Nasralla han protagonizado un enfrentamiento patético sobre la permanencia o salida de Ana Paola Hall del CNE. Contreras incluso amenazó con renunciar si Hall continúa como consejera, dejando claro que ya no hay ni unidad, ni estrategia, ni liderazgo real dentro del liberalismo.
La cúpula liberal, atrapada entre el cinismo y la vanidad, parece más interesada en alimentar su ego que en rescatar lo que queda de una institución política históricamente significativa. Las decisiones se toman no por principios ni programa, sino por intereses personales y viejos pactos con los dueños del país.
ÉXODO HACIA LIBRE: EL BARCO SE HUNDE
Mientras el Partido Liberal e autodestruye, su militancia salta del barco. Cada semana, regidores, líderes comunales, alcaldes y hasta candidatos a cargos de elección popular anuncian su adhesión al Partido LIBRE. Uno de los casos más sonados es el de Kenneth Melhado, candidato a vicealcalde liberal en el Distrito Central, quien abandonó el partido para respaldar al actual alcalde Jorge Aldana, del Partido LIBRE.
El Partido Liberal hoy es un cadáver político, sostenido artificialmente por una élite decadente que teme perder sus últimos privilegios. Su vínculo histórico con el narcotráfico, su colusión con estructuras golpistas desde 2009 y su alianza funcional con el Partido Nacional en momentos clave de corrupción han terminado por enterrar la credibilidad de la institución.
Las encuestas lo confirman: el candidato presidencial liberal no despega. El pueblo ha dado la espalda. Las juventudes, las mujeres organizadas, los movimientos populares y territoriales se alinean con el discurso de transformación que encabezan figuras como Rixi Moncada, con propuestas claras de justicia electoral, soberanía y dignidad.
La historia ya ha dictado su veredicto. El Partido Liberal no será derrotado en las urnas. Ya fue derrotado por su propia corrupción. Lo que está ocurriendo ahora es su funeral político: público, doloroso y merecido.

