El juicio en Nueva York ha dejado al descubierto cómo la Tasa de Seguridad (TS), creada bajo el discurso de proteger a la ciudadanía, se convirtió en un fondo paralelo de corrupción dirigido por el narcotraficante Juan Orlando Hernández.
Testimonios y correos electrónicos revelan que Juan Orlando Hernández y el exministro de Seguridad Julián Pacheco Tinoco eran quienes tenían la última palabra sobre los contratos, mientras intermediarios y operadores como Francisco Cosenza se encargaban de recibir y distribuir los sobornos.
Un personaje clave surge en esta trama: Jaime Nativí, señalado como uno de los intermediarios que presionaba a la empresa Atlanco para agilizar el envío de sobornos.
De acuerdo con las declaraciones de Luis Berkman, Nativí mantenía comunicación directa con Pacheco Tinoco, quien a su vez reportaba al “Jefe”, es decir, a Juan Orlando.

¿Cómo efectuaban los sobornos?
El mecanismo era simple, si existían reclamos sobre uniformes defectuosos para los cuerpos élite como los TIGRES o los COBRAS, Atlanco respondía con más sobornos.
En una ocasión, Francisco Cosenza Centeno, otro de los implicados, viajó hasta Estados Unidos para recibir dinero en efectivo con el fin de silenciar denuncias sobre botas y equipo defectuoso.
La evidencia más comprometedora quedó plasmada en un correo electrónico enviado por Berkman a dos ejecutivos, Zaglin y Brian Dehart, donde relata:
“Acabo de hablar con Francisco Cosenza. La Comisión de la Tasa de Seguridad no se reunió porque el presidente está fuera del país y sus órdenes son no firmar nada hasta que regrese.”
ningún contrato de la Tasa de Seguridad se movía sin la autorización de Juan Orlando Hernández.
El caso no solo expone cómo se desviaron millones de lempiras destinados a la seguridad nacional, sino también cómo la cúpula del Partido Nacional convirtió un mecanismo de protección ciudadana en una maquinaria de corrupción que alcanzó hasta los más altos niveles del poder político.

