La credibilidad del actual juicio político vuelve a estar en entredicho. Uno de los testigos clave presentados es Marcos Pereira, encargado técnico de documentos electorales del CNE, quien enfrenta al menos cuatro denuncias por presunto acoso sexual dentro de la institución.

El hecho de que una figura con estos señalamientos sea utilizada como pieza central en el proceso plantea serias preguntas sobre los criterios éticos y políticos que están guiando este juicio. La violencia contra la mujer, ampliamente denunciada en el discurso público, parece quedar relegada cuando resulta incómoda para determinados intereses.
Además, diversos sectores cuestionan la veracidad de su testimonio, señalando que su participación podría estar orientada a respaldar una versión destinada a minimizar o encubrir irregularidades en el proceso electoral.

Surge entonces una interrogante inevitable: ¿cómo se sostiene el discurso de defensa de los derechos de las mujeres cuando se otorga protagonismo a personas señaladas por acoso? ¿Dónde queda la coherencia institucional?
La situación también coloca bajo escrutinio a quienes, desde posiciones de autoridad, han denunciado maltrato en el pasado, pero hoy no se pronuncian frente a este caso.

Según se ha informado, existen pruebas documentales relacionadas con las denuncias en contra del funcionario.

En este contexto, el juicio político no solo enfrenta cuestionamientos sobre su fondo, sino también sobre la integridad de sus actores, quedando marcado por dudas en torno a la transparencia, la ética y la posible utilización de testimonios controvertidos.
